Logo de Antonio Domingo     Hoy ya es viernes. Han pasado tan sólo unas horas desde el concierto de ayer y aun sigo disfrutando del recuerdo de lo vivido sobre el escenario al lado de mis alumnos, al lado de mi gente.

     Hacía ya seis años que en la escuela no programábamos “El llanto de MadreTierra”. Tan sólo cuatro, de los treinta alumnos y alumnas que estábamos en el escenario, conocíamos la obra. Y el resultado ha sido genial. Cada día me gusta más mi trabajo y sobre todo, cada día me gusta más mi trabajo junto a todos vosotros.

     Este artículo quiero que forme parte de esa memoria emocional que aquí guardo y que no quiero que se pierda nunca. Necesito agradeceros uno por uno, todo lo que durante estos días de ensayos y ayer en el concierto, he recibido de vosotros.

     Gracias Nazaret por seguir creyendo en mí y demostrar al mundo que todo es posible.

     Gracias María por dedicarme tu tiempo, aun sabiendo que tienes poco por tus pruebas del conservatorio.

     Gracias Ainhoa por haber crecido tanto, por haber crecido incluso por encima de tí misma.

     Gracias Mª Jesús por tu sinceridad tocando, por contar al mundo que eres feliz con tu violín.

     Gracias Sara por abrazar la música, por sentir que es algo más, por disfrutar de tus manos sobre el cello.

     Gracias Raquel por tu entrega a la vida, y por todo lo que nos queda por delante, la realidad comienza ahora.

     Gracias Samuel por tu nobleza en los ojos cuando tocas conmigo, por darme lo mejor que un alumno puede dar a su tutor: respeto.

     Gracias José Antonio por pintarte y compartir con el grupo lo que era del grupo, incluso con espinillas.

     Gracias Diego por crecer y seguir creyendo en el mundo y en sus gentes, aunque ahora seamos un poco más pequeños.

     Gracias Marta por tus miradas, por tus silencios, por tu cayada labor caminando en la dirección de la música.

     Gracias Ricardo por ser por fin quien quieres ser, por ser tú mismo y compartirlo con todos nosotros.

     Gracias Araceli por tu tranquilidad y constancia, por tus flores naciendo en cualquier sitio.

     Gracias Miguel Ángel por ser como eres, sobre todo, por no ser como los demás creen que eres, por no ser lo que los demás quieren que seas.

     Gracias Santi por caminar mi sendero, por volver a él cada vez que te necesito, por estar en tu sitio cuando miro hacia él.

     Gracias Irene por tu sonrisa, por tu largo camino recorrido, aun sabiendo que nos queda mucho por hacer.

     Gracias Silvia por mirarme y sonreir, por hablarme directamente a los ojos.

     Gracias Lucía por tus ganas, por tu claridad en lo que piensas.

     Gracias Irene por tu ilusión de compartir con nosotros todo lo vivido en estos días de ensayos.

     Gracias Isabel por tus kilómetros y los de tu familia y por ser mi solista de clarinete.

     Gracias Rebeca por tus pensamientos, por tus metáforas.

     Gracias Carlos por tus momentos simpáticos donde todo es posible, por esas ideas que caen del firmamento.

     Gracias David por tu apego, la música se está abriendo, y un nuevo camino aparece dentro de ti.

     Gracias Alberto por tus alas, por tu color dentro del ecosistema.

     Gracias Sofía por crecer creciendo, por hacerte cada día mejor persona.

     Gracias Juan Ernesto por empezar a no dudar del mundo, y comenzar a creer en ti.

     Gracias Ángel por tus nuevos vuelos sin motor, aunque te den miedo las alturas.

     Gracias Carlos por tu último concierto en la escuela, ha sido el mejor regalo que me podías hacer.

     Gracias Irene por no tirar nunca la toalla, por seguir luchando día a día y crecer en cada clase.

     Gracias Fernando por haber mirado dentro de ti y sentirte orgulloso de lo que has encontrado.

     Gracias Sara por tu forma de caminar segura hacia tu destino, por hacerme más fácil el mío.

     Gracias Sergio por mirarme en cada grupo de corcheas, en cada grupo de semicorcheas, por permitir que camináramos juntos.

     Gracias Nuria por tu seguiradad en el trazo musical.

     Gracias Alba por tu alegría de vivir, por tus ganas de comerte el mundo.

     Gracias Pilar por seguir aguantándome después de tantos años y mantener tu ilusión, tus ganas y tu sonrisa.

     Gracias Gema por ser el alma de MadreTierra, por hablar a través de mis notas.

     Gracias Rosa por tu voz, por mostrar al mundo mi interior más oculto, por hacer de la palabra un arte.

     A todos vosotros, mi más sincero agradecimiento. Estaré aquí, siempre que vuestros ojos miren al recuerdo. Estaré allí, siempre que vuestros pensamientos quieran caminar hacia el futuro.

     Recibid un fuerte abrazo.

antonio domingo