Logo de Antonio Domingo      Hoy quiero reflexionar sobre un tema sumamente importante, order a mi modo de ver, drug para la formación de un percusionista y por ampliación, de un músico. Está relacionado con la capacidad de asimilación de conocimientos por parte de los estudiantes de instrumento y sobre todo, con la optimización de dichas capacidades a la hora mostrar ante el público, y sobre todo ante el profesor, esos conocimientos adquiridos.
     Es siempre lo habitual que un alumno o alumna, haga la propuesta de una nueva obra a su profesor, y que en esa primera versión, salvo algunas excepciones, la distancia entre lo que se debería ofrecer y lo ofrecido es demasiado grande. Lo que deberíamos escuchar y lo que escuchamos, no se parecen aun. Esta circunstancia podría ser entendida perfectamente cuando un alumno inicia sus estudios con un nuevo profesor, cuando aun anda buscando su sitio, cuando aún no ha llegado a comprender plenamente cuáles son los mínimos que se le exigen en su centro de estudios o en cada curso de formación privado.      Pero para avanzar en su pleno desarrollo educativo, es muy importante que el alumno llegue a comprender que la distancia entre lo ofrecido y lo deseado ha de ser la mínima lo antes posible, para que no pierda un valioso tiempo en su proceso de aprendizaje. Cuanto antes se llegue a realizar una propuesta acorde con su propio proceso educativo, mucho mejor. No estoy diciendo que ha de haber un molde en el que se ha de enmarcar a los discentes para poder medir su proceso de asimilación. Simplemente planteo, que la primera propuesta de clase de una nueva obra ha de ser coherente, ha de estar ligada a su propia trayectoria musical, ha de estar en línea con todo lo aprendido y desarrollado por cada alumno hasta ese mismo instante. Quizás nos acostumbramos fácilmente a que sea el profesor quien, tras la primera sesión de trabajo de la nueva obra, nos indique por dónde hemos de perfilar la línea melódica, cuáles son los lugares que no están bien definidos o qué voces debemos timbrar. En muchos, casos estas explicaciones son simplemente repeticiones de sesiones anteriores en las que, basándonos en aquellas obras interpretadas por los alumnos anteriormente, ya dijimos lo que esta nueva pieza nos pide y exige para su buena interpretación.
 
     ¿Porqué esperar a tomar ciertas decisiones musicales a que se produzca esa primera sesión de clase con el profesor? ¿Por qué no plantearnos que ya en esa clase de toma de contacto con la obra y con el profesor se formalice con una consecución de mínimos? Deberíamos construir desde la línea de flotación que nos han dado todas las obras anteriormente tocadas, no volver a hundirnos buscando partir de cero, como si el trabajo realizado en otras partituras estudiadas o interpretadas con otros instrumentos de percusión, no hubieran servido para nada. Esa es la diferencia entre el constructivismo y la memorización sin más. El primero deja un valiosísimo poso que aumenta día a día con el estudio. La segunda sólo tiene un valor inmediato y queda archivada en cajones estanco cerebrales que no sirven para nada al no poder ser interconectados con otras regiones del cerebro, sin tener en cuenta que dicha información ser terminará perdiendo a no volver a usarla.
 
     Creo que este planteamiento de estudio ya ha sido abordado por todos los profesores a lo largo de la historia, no me cabe la menor duda, es la base del desarrollo del músico en particular y del propio conocimiento en general. Quizás, simplemente necesitemos dar un pequeño empujón, dar la importancia necesaria para que a partir de ahora pase al plano de lo consciente en la formación cerebral de nuestros discentes y se incorpore ya a su genética educativa. Al menos, para ello escribo estas reflexiones y las comparto con todos vosotros.
Espero vuestras respuestas.
Atentamente: antonio domingo