Este artículo fue publicado por el periódico EL DÍA DE TOLEDO en diciembre de 2005.

Programa de mano, Ya viene la vieja espectáculo creado por Antonio DomingoEl viernes y el sábado de la pasada semana los alumnos y alumnas de la Escuela Municipal de Música “Gratiniano Martínez” de Villacañas levantaban el telón del XX Concierto de Navidad, que llevaba por título: “Ya viene la vieja”.

Hasta aquí todo puede parecer lo habitual en estas fechas: niños y niñas sobre un escenario cantando villancicos. Pero en este caso todo empezó a tomar caminos insospechados desde el mismo principio del concierto.

La puesta en escena giraba en torno a “Cartas de agua” un programa de radio de la emisora local. Nada de presentadores; sólo las voces en off de los locutores, que habitualmente rigen dicho espacio en las ondas, fueron las encargadas de conducir este educativo encuentro musical. Los materiales sonoros tampoco fueron los que se podían esperar. Se pusieron en escena 12 versiones, más una, del anteriormente nombrado villancico de orígenes andaluces. Si, han leído bien, el concierto versaba exclusivamente en escuchar en doce ocasiones, mas una, las melodías, ritmos y armonías del ya famoso villancico para los más de novecientos villacañeros y villacañeras que se dieron cita en el Teatro Miguel de Cervantes.

La excusa para realizar este reiterativo ataque a nuestros oídos, no era otra que explicar los diferentes estilos musicales. Y éstos fueron excelentemente mostrados, diseccionados y expuestos en paños menores a través de las ondas de la radio… y la vieja, la del villancico, fue evolucionando, cambiando de vestuario, eliminando las viejas ropas que la tradición le había asignado y absorbiendo las que esos distintos estilos musicales le adjudicaban.

Pasamos de una vieja con zambombas, almireces y panderetas, a otra con pizzicatos en las cuerdas. De una vieja con aromas mozartianos, a otra en la que sólo los percusivos ritmos estaban presentes; hubo una vieja que no era la vieja, porque habían olvidado su melodía y sólo recordaban la letra de la canción; una vieja de Ipanema, otras con estilos jazz o blues o pentatónico; una vieja hip-hopera, si se me permite el término, otra disonante como el siglo XXI impone… y van doce. La última fue la más sinfónica, la cual incluía la participación del todo el público de la sala.

Disfrutar escuchando música suele ser algo habitual, pero disfrutar entendiendo la música y comprendiendo qué delimita los estilos musicales no es tan común. Esa era la propuesta que en Villacañas se puso ante nuestros ojos y oídos, a través de un único villancico. Difícil de olvidar.