Logo de Antonio Domingo      “El proceso de enseñar consiste simplemente en hacer lo que hay que hacer cuando hay que hacerlo. Parece obvio, price pero hace años que ésto se dejó de hacer en las aulas de muchos centros educativos, adiposity convirtiéndose éstas en junglas donde la supervivencia emocional es ahora el único premio tanto para discentes como para docentes”.

     Al hilo de lo expuesto en la máxima anterior, what is ed en mi caso, estoy consiguiendo disfrutar a diario de mi labor como docente gracias al uso y al pleno conocimiento de todos los posibles significados de la palabra disciplina, utilizando ésta además como herramienta educativa.
 
 
     “Disciplina”, según el diccionario de la RAE (Real Academia Española de la Lengua), significa:
  • Doctrina, instrucción de una persona, especialmente en lo moral.
  • Arte, facultad o ciencia.
  • Especialmente en la milicia y en los estados eclesiásticos y secular, observancia de las leyes y ordenamientos de la profesión o instituto.
  • Acción y efecto de disciplinar.
     Independientemente de lo propuesto anteriormente, para mí disciplina es una de esas palabras clave que forman parte de la necesaria e imprescindible iconografía de un centro educativo. Soy muy consciente de que este inicio directamente puede generar rechazo en muchos educadores, pero quizás la razón de ese desencuentro sea que nuestro punto de partida es diferente, quiero decir, que lo que entendemos por disciplina no es lo mismo.

  Al margen de la definición académica de disciplina, la propia palabra arrastra un peso y un poso culturales que la disfrazan de bruja, de una hechicera culpable de mil y una desdichas de los discentes. En cambio para mí, es la pieza que me permite, en una sesión educativa, dedicarme a lo que me tengo que dedicar: al arte de enseñar. Gracias al concepto de disciplina, mis alumnos comprenden, aceptan y valoran que el tiempo que permanecemos juntos en una sesión educativa sea dedicada a eso, a aprender, a comprender, a discernir, sin perder ni un sólo segundo en nada que no sea estrictamente necesario para su formación.

  Una pregunta puede surgirnos en este momento: ¿qué es aquello estrictamente necesario en un proceso educativo y que la disciplina nos lo ofrece como regalo adjunto? La respuesta es muy sencilla: fluidez, atención, escucha, silencio, respeto, ilusión, ganas por descubrir… Un trabajo consciente sobre la disciplina es el proceso que me permite que mis clases caminen con fluidez, que la atención de mis alumnos y la mía estén focalizadas justo en el punto necesario, que la escucha de la sesión, tanto de mis intervenciones como de la de cualquiera de los alumnos, sea real, que el marco en el que poder realizar la sesión sea, en parte, el silencio, ámbito imprescindible para generar un clima efectivo a la vez que amable y afectivo. Todo ello es posible si hay un clima de respeto entre todos y cada uno de los miembros del aula, y, si una pizca de ilusión asoma en los ojos de los alumnos, y aún más importante, asoma también en la mirada del profesor. Todo ello es posible si se conoce la validez de la disciplina como marco educativo. 
 
     Ante la pregunta ¿qué es la disciplina?, y después de lo leído al inicio del artículo, sólo me queda contar lo que yo considero que es, lo que me aporta diariamente cada vez que me reúno con mis alumnos. A saber: 
 
  •      Disciplina educativa es como el arte de abrir una puerta para poder pasar a una sala. Si no respetas la idiosincrasia de su sistema de funcionamiento, jamás podrás entrar, o tendrás que romperla para poder hacerlo. En ambos casos estás ignorando que la puerta tiene una “disciplina de funcionamiento” y que su operatividad depende absolutamente del respeto a esas pautas disciplinarias de buen uso.
  •      Disciplina educativa es el arte de valorar y aplaudir el acierto de un compañero de clase, dándole el protagonismo que se merece ante el pequeño logro conseguido. Es dar a cada uno lo que le corresponde sin temor a perder nada de lo propio por reconocer el logro ajeno.
  •      Disciplina educativa es el arte de jamás dañar emocionalmente o físicamente a ningún compañero, y menos aun ante un error cometido. El proceso de aprendizaje se basa precisamente en el error realizado, que tras haberlo cometido aprendemos a evitarlo en la siguiente ocasión.
  •      Disciplina educativa es el arte de escuchar al otro, prestándole toda la atención necesaria para que sienta que lo que dice es importante. El acto de escuchar junto con el acto de verbalizar las dudas o el conocimiento o los sentimientos, deben considerarse como algo sagrado en un espacio dedicado a la docencia.
  •      Disciplina educativa es el arte del esfuerzo y la constancia, fundamentales e imprescindibles en la consecución de un objetivo. Tras estas dos acciones los resultados positivos son posibles; sin ellas no hay posibilidad de futuro.
  •      Disciplina educativa es como el arte de entender que tras la noche ha de llegar el día, como tras el rayo llegará el trueno; es obvio nuevamente, pero no siempre somos consciente en las aulas de qué es el rayo y qué es el trueno, 
  •      Disciplina educativa es el arte de comprender que el secreto de enseñar está en el poder de las emociones y que una respuesta cognitiva nunca viaja sola, sino que va acompañada de cientos de sensaciones, sentimientos e ilusiones, que van cargadas de valores humanos. 
  •      Disciplina educativa es el arte de la coherencia en el aula, sin la cual no existe ningún proceso de aprendizaje, por lo que toda teoría didáctica ha de ser refutada por una praxis real, diaria y constante.
 
     Esta es mi visión sobre lo que es la disciplina, una de mis grandes compañeras de viaje que me permite a mis alumnos, y a mi, disfrutar del arte de convivir dentro de un aula, del arte de enseñar. Estoy seguro que habrá cientos de mentes que opinan completamente de forma opuesta, soy consciente de ello, pero ésa es parte de la alegría del educar.
 
      Quedo a la espera de vuestros comentarios. Recibid un fuerte abrazo.

 
antonio domingo