Logo de Antonio Domingo     Durante estos días de Navidad, Luís Miguel Abengoza, profesor de flauta travesera de la Escuela de Música “Gratiniano Martínez” de Villacañas, me ha enviado un trabajo sobre “Las implicaciones educativas de la toería de la Inteligencia Emocional en el ámbito musical”.  Es una disección de cómo, de una forma u otra, aplicamos dicha teoría en los quehaceres educativos diarios en nuestra escuela de música.

     Me parece algo muy, muy interesante por lo que, teniendo el permiso del autor, lo comparto con todos vosotros en este rincón dedicado a la memoria emocional. 

     Gracias Luismi por el trabajo en sí mismo y además por las razones que te llevaron a realizarlo. Es un placer poder publicarlo en este espacio. Mis más sinceras felicitaciones y mi más sincero agradecimiento emocional, social y académico. 

Un muy fuerte abrazo.

antonio domingo

Implicaciones educativas de la teoría de la Inteligencia Emocional en el ámbito musical.

Un caso real: Escuela Municipal de Música “Gratiniano Martínez” de Villacañas. Toledo.


“Descubierta la relación entre la música, la emoción y el cerebro”.


     Así rezaba el titular de una revista sobre investigación científica que aparece en primer lugar cuando tecleas “Música y emoción” en el buscador más universal. El artículo, escrito por Eduardo Martínez en diciembre de 2002, cuenta como la música y la emoción comparten una misma región del cerebro, conocida como el cortex prefrontal, según han comprobado científicos de la Universidad de Dartmouth analizando las reacciones cerebrales de ocho músicos. El descubrimiento explica el fuerte vínculo que comparten la música y la emoción y su indisociable unión con el espíritu humano. Esto fue una de las primeras cosas que leí cuando hace unos años comencé a indagar qué era realmente la Inteligencia Emocional, sin saber muy bien de que se trataba me pareció algo realmente importante.

     Este término comenzó a cobrar importancia en mi vida profesional cuando comencé a trabajar como profesor de flauta en la Escuela Municipal de Música “Gratiniano Martínez” de Villacañas, Toledo. Desde el primer momento observé que estaba en un lugar diferente. Era uno de mis primeros trabajos, llevaba sólo un año como profesor en un conservatorio, trabajo que comencé a los dos meses de terminar el superior. Aún estaba asumiendo mi nuevo rol. Ya no era alumno. Ahora era profesor. Toda mi experiencia como alumno la había desarrollado en conservatorios, nunca en escuelas de música. En mi experiencia ya trabajaba entonces en un conservatorio elemental y además lo he hecho luego en profesionales. El concepto de escuela de música que se prodigaba en los conservatorios era algo como de segunda división. La “élite” estábamos en los conservatorios.

     Decía, que sentí que estaba en un lugar diferente por muchos pequeños detalles. Observé enseguida, que el trabajo del claustro de profesores era muy intenso, reuniones semanales donde principalmente se hablaba de proyectos y de los alumnos, las personas eran lo realmente importante. Observé que todos los profesores compartían experiencias, problemas y soluciones. Que los alumnos pasaban gran parte de su tiempo en la escuela y su entorno, aunque no tuviesen clase. También comprobé cómo el número de alumnos era bastante alto, casi tan alto como su compromiso y participación en cualquier actividad o proyecto que se propusiese. Con un poco más de tiempo pude comprobar también cómo todos esos alumnos solían tener unos expedientes académicos en la enseñanza obligatoria más que ejemplares y esto era más que destacable en este pueblo donde la industria maderera apagaba cualquier conato de desarrollo personal fuera de las fábricas. Además los alumnos que optaban por la vía de la enseñanza profesional en los conservatorios accedían sin el menor problema, su formación de base era muy sólida. Pero de todo, podría citar mil detalles más, lo que más me impresionó fue la sonrisa y el brillo de los ojos de todos los que pisaban la escuela.

     Los primeros años pasaron sin que supiese realmente qué es lo que allí pasaba, era como una especie de virus, todos los que íbamos llegando, en poco tiempo nos acabábamos contagiando. No sabía qué era. Me gustaba. Me sentía protegido, seguro. Me sentía feliz. Después de unos años, en estos claustros semanales se empezó a hablar de este nuevo concepto: Inteligencia Emocional. Estábamos seguros de que este era nuestro secreto. Éramos, somos, una escuela emocional. Estaba seguro. Pero es verdad que aún así no sabía muy bien qué era esto exactamente. Iba teniendo algunas referencias. Reconozco que la labor mediática de Eduard Punset y su programa “Redes” comenzaron a mostrarme algunos visos de lo que hacíamos, pero quizá el hecho de haber sido infectado por el virus de la escuela no me dejaba ser plenamente consciente, la inercia de tantos años y proyectos, desarrollaron una manera de trabajar desde la emoción sin ser conscientes de esto.

     Nuestro objetivo principal ha sido siempre que nuestros alumnos fuesen lo más felices posible y para esto nos valemos de la música como herramienta fundamental. Identificar, comprobar, analizar y sistematizar las actuaciones de este centro desde el punto de vista de la Inteligencia Emocional es el objetivo de este trabajo. Demostrando además, con un caso real, y de éxito, las implicaciones educativas de la Inteligencia Emocional en el ámbito de la enseñanza musical.

     Cinco son las habilidades más importantes que desarrollan la inteligencia emocional: La conciencia de uno mismo, el control de las emociones, la capacidad de automotivación, la empatía y las habilidades sociales.

La autoconciencia.

     Reconocer nuestras propias emociones es uno de los pilares fundamentales en los que se basa la inteligencia emocional. Ser conscientes de las emociones que sentimos en cada momento es el primer paso para poder manejarlas, valorar nuestros puntos fuertes y débiles y expresar nuestros sentimientos de forma adecuada.

El Autocontrol.

     Una vez somos conscientes de nuestras emociones, controlarlas para que no nos desborden y así poder actuar con responsabilidad y criterio será nuestro objetivo. No dejándonos secuestrar por nuestras emociones podremos ser libres a la hora de actuar.


La Motivación.

     Según el diccionario de la RAE: ensayo mental preparatorio de una acción para animar o animarse a ejecutarla con interés y diligencia. Podemos entenderla como la capacidad que nos impulsa a conseguir todo aquello que nos proponemos.

La Empatía.

     La capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos, es la habilidad que nos permite comprender los sentimientos de los demás, sus motivos y preocupaciones sin necesidad de que nos lo cuenten.

Las Habilidades Sociales.

     No hay mejor definición que la que hace Caballo (1993:6) para entender qué son las habilidades sociales. “Conjunto de conductas emitidas por un individuo en un contexto interpersonal que expresa los sentimientos, actitudes, deseos, opiniones o derechos de ese individuo de un modo adecuado a la situación, respetando esas conductas en los demás y que generalmente resuelven los problemas inmediatos de la situación mientras minimiza la probabilidad de futuros problemas”.

     A continuación recorreré cada una de estas habilidades, analizando su aplicación práctica en el día a día de este centro. Entiendo que son muchos los pequeños y grandes detalles que hacen de esta escuela, una escuela basada en la inteligencia emocional, según mi criterio, pero sobretodo, por que la importancia de lo emocional ha sido centro del planteamiento del centro.

El Autocontrol.

     A pesar de llevar algo más de diez años trabajando allí, aún no conozco cómo ni porqué surgió una de las actividades más importantes de la escuela. Su importancia es tal, que es una de las más demandadas por los alumnos. Todos los años, al finalizar el curso los alumnos algo más mayores realizan una acampada dentro de la escuela. Lo que a priori puede parecer una actividad más bien lúdica, incluso frívola, se convierte sin embargo en un pilar estructural del funcionamiento emocional. En un momento determinado de esta acampada se realiza una asamblea de alumnos, estos hablan y exponen en este momento sus conclusiones del curso. Pero al sentirse arropados por el grupo suelen hablar principalmente de sus sentimientos y emociones, tanto positivas cómo negativas. La participación, por supuesto, es voluntaria pero la gran energía que del grupo emana hace que casi todos se muestren y escuchen una larga conversación sobre emociones. El grupo ayuda a veces a identificarlas y expresarlas de manera correcta.

     Esta práctica ha calado tan hondo en los alumnos que durante el curso cuando es necesario se habla de lo que se siente, el profesorado no solamente lo consiente, sino que es partidario de dedicar el tiempo suficiente para las celebraciones y refuerzos como para ayudar a quitar “las piedrecitas que la vida nos pone en nuestras mochilas”.

     En definitiva, hablar de emociones en esta escuela es algo cotidiano, esto ayuda al alumno a reconocerlas, valorarlas y ampliar el vocabulario de términos emocionales. Aunque de otra forma, puedo decir que entre el profesorado ocurre algo parecido. La posibilidad de realizar reuniones de claustro semanales permite no solo una gestión organizativa óptima sino que además permite poder hablar y expresar todo tipo de experiencias docentes y personales.

     La escuela tiene por tanto espacios específicos para poder desarrollar la comunicación en todos los sentidos, incluido el emocional. Partimos de la base de que esta habilidad es fundamental para el desarrollo del resto de habilidades.

El Autocontrol.

     Dos detalles me llamaron la atención desde el primer momento. Por un lado la gran cantidad de conciertos, audiciones y espectáculos que realizaban los alumnos, es impresionante. Fomentándolo desde las edades más tempranas, 4 años. Y por otro lado la ausencia de casos de ansiedad entre los alumnos. El planteamiento, desde el comienzo de la educación musical en la escuela, de que el escenario es el hábitat natural de un músico es fundamental. Como tal los alumnos tienen posibilidades mensuales, e incluso semanales en función de la época del curso, de poder desarrollarse en el escenario. No se percibe por tanto como una amenaza. El repertorio que se interpreta es muy amplio y variado en todos los sentidos, grandes agrupaciones, solo, distintas épocas, distintas músicas, colaborando con otros grupos… Es muy importante además no ceñirse al instrumento principal del alumno, la voz y la percusión corporal son dos elementos básicos en la escuela que ayudan a que los alumnos fortalezcan la relación con el escenario controlando sus miedos.

La Motivación.

     Como decía en el párrafo anterior, tanto la voz cómo el cuerpo son elementos básicos en el desarrollo musical. La escuela tiene muy presente el uso de los sistemas pedagógicos en todas las etapas del aprendizaje, haciendo especial hincapié en las más tempranas. La propuestas de percusión corporal, coro y conjunto Orff, permiten a los alumnos vivir la música desde los primeros pasos. A la hora de preparar conciertos, la participación de alumnos en diferentes números, pudiendo trabajar con distintos profesores incluso la misma obra hace que en la mayoría de los casos los alumnos reciban la información desde distintas perspectivas por lo que es más fácil que el alumno acabe aprehendiendo el concepto musical que se trabaja.

     Algunos de estos conciertos están concebidos más como espectáculos monotemáticos, por lo que el alumno puede participar en el de distintas maneras, tocando su instrumento, cantando, bailando, tocando otros instrumentos (Orff), participando de la organización, etc. de tal manera que su colaboración se adapte a sus posibilidades. Como decía anteriormente, los alumnos participan de la organización de actividades y conciertos. Algunas de ellas son organizadas íntegramente por lo que el hecho de no ser receptores pasivos hace que valoren y disfruten más estas. Desde el punto de vista más académico algo que me llama poderosamente la atención por sus resultados en cuanto a la motivación es la figura de los alumnos-tutor. Los alumnos que tienen problemas con alguna asignatura deben buscar a un compañero que le ayude a superarla. El alumno-tutor no solo refuerza sus conocimientos a la hora de ayudar al compañero, sino que su motivación se dispara al comprobar que su trabajo ayuda a los demás. Así también el alumno tutorado mejora su motivación al comprobar que finalmente alcanza los objetivos.

     Es curioso cómo el ejemplo que aparece en el texto de las propuestas didácticas para trabajar la motivación, la Fuga Geográfica de E. Toch, forma parte del ADN de la escuela de Música, eso sí, con una adaptación de la letra hecha por los propios alumnos.

La Empatía.

     El ejemplo de los alumnos-tutor que comentaba antes no solo tiene aplicaciones como fomento de la motivación sino que ayuda en el desarrollo de la empatía. El tutor debe ser consciente de qué conocimientos necesita mejorar el compañero y de cómo debe exponerlos para que sean mejor comprendidos. Como he dicho ya en varias ocasiones, el gran número de conciertos y la gran complejidad organizativa y escénica de estos requiere un trabajo previo de conocimiento de este, así como el máximo de atención durante. Los alumnos tienen distintas entradas al escenario en distintos momentos, conocer la estructura del espectáculo requiere la implicación de la escucha activa. En este tipo de concierto tenemos una escucha activa en dos niveles, el general del espectáculo y el propio de las obras que se interpretan. En el resto de conciertos, los más sencillos, el solo hecho de tocar requiere de esa escucha también. Es bastante frecuente como indicaba que por estas razones previo a los conciertos y como preparación a estos se realice un trabajo de escucha para conocer en profundidad el trabajo.

Las Habilidades Sociales.

     Con tanto concierto, y además teniendo ciclos de música de cámara, y fomentando la práctica en grupo desde la base, el desarrollo de las habilidades sociales en esta escuela es algo natural. La ausencia de conflictos es tan importante que apenas recuerdo casos. Cuando los ha habido además han tenido una resolución rápida y sin más complicación, basando la superación de estos en el diálogo entre todas las partes implicadas, normalmente ejerciendo de mediador o el profesor o el director del centro. Cabe destacar que la facilidad para resolver conflictos en la escuela es tan interesante que incluso conflictos generados fuera de esta han sido resueltos cuando los alumnos implicados han coincidido en la escuela.

     Este es el punto más adecuado para hablar de lo que en mi opinión es el secreto del éxito emocional de este proyecto educativo. La capacidad de liderazgo del director del centro es tal que posee todos los estilos descritos en el texto del curso: visionario, democrático, afiliativo y coaching. Estilos llevados a cabo en función del momento, la situación y los liderados. Tanto alumnos, profesores, padres, y administraciones. Capacidad que se contagia a los profesores que ejercen de la misma manera en sus aulas y capacidad que se contagia a los alumnos, especialmente los mayores, que no ponen obstáculos a la hora de responsabilizarse de actuaciones o proyectos con el resto de compañeros. Estos alumnos asumen roles en función de su edad, desarrollo, habilidades, etc, de tal forma que les refuerzan o mejoran.

     Podría seguir exponiendo más ejemplos que en el trabajo diario influyen en el desarrollo emocional de alumnos y profesores. La realización de este curso me ha ayudado a comprender que precisamente en los pequeños detalles cotidianos es donde podemos mejorar nuestra inteligencia emocional. Por mi experiencia, lo más importante es tener presente el valor de las emociones para actuar de manera determinada. Si además podemos sistematizar estas actuaciones conseguiremos un óptimo desarrollo de nuestra inteligencia emocional y esto es lo que marcará la diferencia en la consecución del éxito en nuestras vidas.

     Mejorar nuestra capacidad emocional a través de la música cómo se hace en la Escuela de Música de Villacañas es una oportunidad única para mejorar nuestra vida futura y la de los que nos rodean, especialmente desarrollando una actividad tan noble y hermosa como es la música. Que los beneficios de su práctica cada vez están más probados,está demostrado más que de sobra. Que su capacidad emocional es intrínseca, ha sido tenida en cuenta desde las primeras civilizaciones. Conseguir sistematizar actuaciones que nos favorezcan nuestra inteligencia emocional a través de la música hará que el futuro sea mucho más interesante para todos.

Luis Miguel Abengoza García-Morato. Diciembre de 2012.