Programa de Un concierto improvisado,   montaje creado por Antonio Domingo     Éste es el desconcertante título del concierto que ofrecieron los alumnos y alumnas de la escuela municipal de música “Gratiniano Martínez” de Villacañas el jueves 14 y el viernes 15 de la semana pasada.
     ¿Un concierto improvisado? Si, han leído bien, un evento musical donde la improvisación fue el “leitmotiv”, el hilo conductor. Muchos pudimos pensar que se trataba de una broma musical, pero les puedo asegurar que nada más lejos de la realidad. En esta ocasión, nos mostraron sobre el escenario un montaje perfilado a través de la música no escrita, de la música que se crea en el instante. Como algunos grandes improvisadores musicales dicen: “se trató de un concierto con composiciones realizadas en tiempo real”.
     La improvisación, dentro de los círculos educativos oficiales, es una herramienta habitualmente desempleada y que suele atemorizar tanto a docentes, como a discentes. Ante esta situación tan común en nuestro entorno sonoro, desde el claustro de la escuela de música decidieron plantear un concierto en el que IMPROVISAR fuese la forma de expresarse, de tocar, en definitiva de hacer música.
     ¿Es esto posible? Si, precisamente ésa era parte de la idea educativa del concierto, mostrar que ésto se puede hacer.
 
     Un trabajo sobre la improvisación ofrecido desde numerosas y polifacéticas perspectivas. Improvisaciones “a uno”, donde conocer los secretos sonoros de las diferentes familias de instrumentos musicales y las habilidades creativas de los alumnos. Improvisaciones “en grupo”, de tres, de diez, ¡de cien! Improvisaciones haciendo sonar todos los “chismes” que aparecen sobre el escenario o cualquier cosa que caiga en sus manos. Hubo improvisaciones rítmicas, melódicas, armónicas… Improvisaciones libres e improvisaciones dirigidas, planeadas, buscando un puerto conocido… Miles de notas dibujando improvisaciones improvisadas, pretendieron ser su banda sonora y lo consiguieron sobradamente.
Logo de Antonio Domingo     Pero, ¿Serían capaces de embaucarnos con esta música desconocida e irrepetible? Ésa fue la otra gran prueba, demostrarnos que además de ser posible la realización de un concierto de estas características, también se podía conseguir que el público asistente disfrutásemos plenamente de las propuestas musicales que se realizaban sobre el escenario villacañero. Una vez más: prueba superada.
 
     Al final, en el ocaso de esta tarde festiva dedicada a la creatividad por antonomasia,  ofrecieron una improvisación en la que los propios músicos de la orquesta se convirtieron en piezas de un puzzle musical, teclas de un instrumento humano, vivo, alerta y a la espera de que el director les hiciera sonar según sus propios criterios “improvisatorios”. Todo ello aderezado con un texto creado para la ocasión, un hilo conductor que nos hizo acercarnos a la forma más genial de hacer música, aquella en la que, de manera consensuada, se deciden cuáles son las normas a tener en cuenta a la hora de tocar. Un concierto desconcertante y muy atrevido.