Logo de Antonio DomingoÉste es otro de los proyectos experimentales que he realizado en la Escuela Municipal de Música “Gratiniano Martínez” de Villacañas. Se originó justo el día después del estreno de “La Danza del Sol”,por lo que podemos decir que “AIRE” es la primera consecuencia de ese prototipo de conciertos experimentales.

La tarde siguiente al estreno recibí, de boca de algunos padres y madres que habían asistido al concierto, las felicitaciones y a la vez ciertos comentarios que hacían entrever la necesidad, que esa misma tarde habían sentido, de subirse ellos también al escenario, para poder llegar a experimentar en su propio cuerpo aquello que tan sólo intuían a través de los ojos y las manos de sus hijos e hijas. Les invité a crear un grupo de trabajo y a partir del nuevo curso escribir un concierto para ellos, ensayar juntos y ponerlo sobre el escenario. Así nació “Aire” una apuesta por acercar la música a todo aquel que no ha tenido la posibilidad de tener un contacto a temprana edad.

Al final dieciocho madres y cuatro padres terminaron animándose a participar en esta insólita y quizás descabellada propuesta: construir un concierto para gente que no sabía música. Estuvimos durante ocho meses trabajando hora y media semanal. Todos los viernes cuando acababan las clases del régimen general en la escuela, nos quedábamos en las instalaciones este grupo de aguerridos aventureros en busca de un escenario por descubrir. En esas sesiones fuimos educando cada uno de los parámetros que eran necesarios para poder tocar en el concierto: desarrollo de la psicomotricidad, de la pulsación, de la escucha, de la conciencia de grupo, inicio a la lectura musical, al despertar de la voz, mejora de la dicción, desarrollo de la memoria, y finalmente trabajar directamente sobre las obras que se interpretaron sobre el escenario. (Vídeos de Aire).

El resultado cumplió con creces todos los objetivos y expectativas que nos habíamos marcado al inicio de la propuesta. No sólo se consiguió que el concierto musicalmente y escénicamente saliera adelante con evidente soltura, sino que se consiguió encender en las almas de estos progenitores, las mismas luminarias que sus propios hijos ya tienen encendidas a través de la música. Han llegado a entender perfectamente porqué sus hijos e hijas permanecen horas y horas en la escuela sin importarles ni los horarios ni la cantidad de tiempo que finalmente pasan al cabo de la semana en nuestras instalaciones; han comprendido que la MÚSICA con mayúsculas es realmente un compartir y una entrega desinteresada por parte de todos los que participan en su mesa. Por lo tanto cualquier parámetro de la vida cotidiana que queramos incluir o aplicar a realidad de un centro educativo de música, está fuera de lugar y por lo tanto, es inadecuado.

Evidentemente, ésto no quedó aquí, sino que ha conseguido desarrollándose en el tiempo y en el espacio.