Logo de Antonio Domingo     Caminamos ya entrado el mes de septiembre y la siembra de los meses de verano está empezando a dar sus frutos. Un nuevo artículo para esta MEMORIA EMOCIONAL queda colgado hoy en la web, con la esperanza de que su contenido sirva para ayudar a caminar a otros estudiantes que se encuentran en situaciones parecidas. En esta ocasión son las reflexiones escritas por Benjamín, un estudiante de percusión que conocí de la mano de Hilari Marí.

     Vino a casa y dedicamos una tarde a intentar mejorar su sistema de estudio ante el instrumento. 

     Pasados los meses, hoy podemos leer aquello que hilaba su mente mientras mis palabras y mis ideas le animaban a seguir caminando por la senda que él mismo se había marcado.

     Gracias Benjamín por tus comentarios, gracias a ti sigo creciendo como educador y como ser humano.  

Un fuerte abrazo.

antonio domingo

     “En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre sí quiero acordarme, viví una de mis mejores experiencias como músico y, sobretodo, como persona. Fue un cúmulo de sensaciones y emociones que me ayudaron a ver la vida desde una perspectiva mucho más positiva y clarificadora.

     Cuando salí de mi casa, con dirección no sé muy bien a donde, estaba lleno de dudas, miedos, inseguridades, en fin, de todas esas cosas que hacen que uno se sienta a la deriva. Me preguntaba: – ¿Tengo futuro en esto de la música? ¿Vale la pena seguir intentándolo? ¿Todos estos años de esfuerzo, han servido para algo?-. Pronto tendría las respuestas a estas preguntas.

     Al llegar a Tembleque solo pensaba en cómo sería Antonio, qué me iba a decir, si le gustaría como interpreto las obras, hasta que llamé a la puerta y todo comenzó a cambiar.

     Después de calentar un poco y acostumbrarme a la distancias del instrumento, toqué la obra como lo venía haciendo durante los últimos seis meses. La verdad es que no estaba contento con el trabajo realizado durante el último año. Pero cuando nos pusimos a trabajar con técnicas nuevas para mí, y que por cierto, considero muy efectivas y de gran ayuda para cualquier percusionista, empecé sentir que mejoraba en minutos lo que no había mejorado en mucho tiempo; que era capaz de tocar mucho mejor de lo que yo pensaba; que tenía nuevos aspectos técnicos que trabajar, y que ya tenía las respuestas a mis preguntas, miedos e inseguridades.

     Al paso de unas horas de trabajo paramos a descansar. Estuvimos hablando un buen rato de qué había notado, cómo me había sentido, qué pensaba de todo ello. También conversamos sobre aspectos del día a día y de cómo me iban las cosas en general. La verdad es que aprendí muchas cosas para mejorar tanto en lo musical como en lo personal. Pero lo más importante fue que la respuesta a todas aquellas preguntas que me había estado haciendo, era: SÍ, Y ADEMÁS…

     Al final del día y después de despedirme de Antonio, emprendí el viaje de regreso a casa con tan gran cantidad de información, que aun hoy, después de tres meses, estoy asimilando todo lo aprendido.

     Solo me queda agradecer de todo corazón a Antonio lo que hizo por mí y lo que hace por muchas otras personas, y desearle todo lo mejor en su gran tarea pedagógica”.


Un abrazo y que el ritmo no pare.