Logo de Antonio DomingoDesde la aparición y posteriormente aplicación de la LOGSE (Ley Orgánica General del Sistema Educativo), y con ella la elaboración y publicación de los decretos de las diferentes comunidades autónomas que marcan los mínimos exigibles, la vida en las Escuelas de Música y Danza ha cambiado mucho… mucho, afortunadamente. El marco predeterminado en el que se nos introducía, aunque fuera a empujones, ahora ya no tiene sentido, se ha desvanecido. Ahora sólo nos indican un conjunto de mínimos que dan identidad al centro y lo hacen específico de música y danza, diferenciándolo claramente de cualquier otro. Pero esto no nos limita, sino que marca el punto de salida, el inicio de nuestra gestión educativa. Es la realidad de cada población, la que verdaderamente debe originar el perfil de escuela a generar en dicha localidad, ciudad o incluso barrio. Son las diferencias culturales, sociales, étnicas, económicas, las que deciden, son ellas las que al tener que atenderlas nos van dibujando y a la vez desdibujando; perfilan y modelan a este “ente” sin forma definida, pero que contiene todas a la vez. Una escuela debe ser un marco vivo en constante evolución.

Seppuku en el Teatro Monumental. Director: Antonio DomingoYa no tenemos por qué responder a un único y determinado modelo de centro. Por ejemplo, ya no tenemos porqué responder exclusivamente al modelo de escuela de música que prepara alumnos para que posteriormente participen plenamente en la banda de su localidad. Y cuando digo esto, no quiero decir que ha de desaparecer ese perfil educativo del panorama musical, no. Quiero dejar claro que no estoy en contra, para nada, de este modelo de escuela de música, simplemente, que un centro de formación musical puede ofertar otras muchas cosas tan interesantes como la anterior, además de seguir realizando dicha labor.

Tampoco tenemos ya que mantener nuestro estatus músico-social por la cantidad y la calidad de los alumnos y alumnas que terminan accediendo a los diferentes conservatorios profesionales o superiores de ámbito nacional. Es cierto que esa faceta de generadores de “futuribles profesionales musicales” debe seguir existiendo, pero ahora tampoco es lo único que podemos hacer. Podemos y debemos hacer más, mucho más.

Las vías de proyección que nos han abierto son claramente tres:

  • La de la educación musical para futuros profesionales, que ya existía.
  • La vía de educación para amateurs, que antes no estaba tan claramente definida como ahora, pues no había un centro específico donde poder abordar dicha educación.
  • Además, y esto es también muy importante, hemos de cumplir una labor de sensibilización musical en toda aquella comunidad que nos presta sus ojos y sus oídos. Esa labor de sensibilización se puede, a su vez, dividir en varios campos:
  1. crear nuevo público que asista a las salas de la localidad, faceta fundamental para cualquier ente cultural que quiera perpetuar su actividad en el tiempo dentro de su limitado espacio vital.
  2. crear nuevos perfiles de alumnos a través de proyectos específicos, intentando llegar a todos, si, a todos los colectivos sociales que forman el censo: niños, adolescentes, adultos, jubilados, discapacitados…
  3. dar a conocer los beneficios que el estudio de la música y la danza tienen para el desarrollo integral del ser humano.
  4. generar una credibilidad social para la figura del músico y del bailarín profesionales, del profesor de estas áreas, que según en qué zonas, aún no tiene una consideración de profesión ni digna, ni “de provecho”, como dirían en mi pueblo.

Las materias también están evolucionando, los currículos de los conservatorios y, aunque sea como consecuencia, bendita consecuencia, también los de las Escuelas de Música y Danza; poco a poco se van “europeizando” y van creándose sensibilidades educativas musicales que hacía años se echaban de menos por estos lugares. Por fin el “programa” está en decadencia y la “unidad didáctica” en auge. Tampoco soy un defensor a toda costa de los didactismos, es más, en muchas ocasiones escondemos nuestra ignorancia entre bonitas palabras, mejores intenciones y fabulosos objetivos de papel, pero que pasado el tiempo siguen siendo eso… papel. Aún así, señoras, señores… los tiempos pasan muy rápidos y “hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad”, ya se decía a comienzos del siglo pasado. Las actualizaciones, no sólo están pensadas para mejorar los sistemas informáticos.

Después de esta larga exposición es cuando nos acercamos al tema troncal de mi texto. Si mal no recuerdo el título era: Las Escuelas de Música y Danza como Alternativa Social. Cuando digo que somos una alternativa social, lo hago con plena convicción de que lo digo por muchas razones, todas ellas vividas en mi propia carne “musical”. Somos una alternativa social porque en nuestros centros a través del trabajo diario se están formando nuevas generaciones de seres humanos que responden a un perfil muy diferente de aquello a lo que toda nuestra sociedad occidental llama vulgarmente “jóvenes”. Los nuestros, nuestros jóvenes, se desarrollan de forma integral en estos centros educativos dedicados a las artes del sonido y del movimiento. Son jóvenes que crecen en un caldo educativo en el que se promueven los desarrollos equilibrados, como el famoso progreso sostenible tan de moda ahora y a la vez tan necesario. Son jóvenes que crecen:

  • Con una sensibilización especial hacia lo humano, hacia la parte más humana del hombre, por eso en nuestros centros no existe la competitividad. No es necesaria, no necesitamos ser mejores que nadie. Somos nuestro propio modelo.
  • Jóvenes con un respeto asumido hacia las diferencias de cada uno de los componentes del colectivo que forma el centro musical, por eso, la comparación es eliminada por completo de nuestras aulas. “Todos diferentes, todos iguales”, “todos iguales, todos diferentes”.
  • Jóvenes con un gusto desarrollado por lo cultural, por eso no sólo enseñamos notas y ritmos, pasos y posiciones, sino también personajes históricos, épocas, formas de vida de días de antaño y del futuro… y todo ello a través de infinitas herramientas, todas aquellas que se nos puedan ocurrir. Dentro y fuera de las aulas, sobre un escenario o entre las cajas de un teatro. Cuantas más veces vayamos a la fuente más fácil será beber de ella.
  • Jóvenes con un concepto clarísimo de lo que supone y significa el trabajo en equipo… que comparten con amabilidad, con respeto, con simpatía, dando todo lo que tienen dentro, jóvenes que dan de ellos mismos… es ahí donde comienza el camino de la educación, de la enseñanza, de la vida.
  • Jóvenes con un criterio vital basado en el esfuerzo y el trabajo diarios, únicos sustantivos que les van a permitir aprender a sentir la constancia en sus manos, en sus pies, hecho fundamental en su forma de tocar, de cantar, de bailar, de escribir…
  • Jóvenes con una “conciencia” de su recorrido formativo que les permite emocionarse… cuando de sus manos fluye la magia de los sonidos, cuando de sus pies emana la magia del movimiento y son capaces de llegar a lugares escondidos dentro de sí mismos, lugares que incluso ignoraban que existieran.
  • Jóvenes con un respeto a la vida mucho más completo y complejo de aquel que pueden aprender en las calles, de sus amigos habituales, de las cadenas televisivas… Al principio, siempre oigo decir entristecidos a mis alumnos y alumnas que se sienten diferentes al lado de sus compañeros del cole, del instituto, del barrio; pasado un tiempo también lo dicen, también se sienten diferentes, pero una mueca de complicidad, de convencimiento, de satisfacción, surca furtivamente sus rostros al hablarme de ello.

Todo lo anterior representa una realidad que el estudio de la MÚSICA, con mayúsculas, tocada, cantada o bailada, genera, queramos o no. Aprovechémonos de ello y vayamos más allá. Generemos chavales que crean en sí mismos, que vivan intensamente a través de sus manos, de sus ojos, de sus oídos, de sus pies… sin necesidad de utilizar elementos oníricos externos con formas y colores generados en laboratorios clandestinos. Seamos capaces de proyectar en ellos esa sociedad deseada que no vive a través del humo de nada, ni del humo de nadie. Somos una alternativa social, cultural, educativa, a toda la inmundicia humana creada bajo el yugo de los intereses y las ambiciones. Las Escuelas de Música y Danza ya están preparadas para poder hacerlo, ya tienen las herramientas suficientes.

Como ven, estas escuelas han crecido por momentos y se han convertido en un verdadero punto de encuentro y desarrollo cultural, intercultural, intracultural… que independientemente de cualquier impedimento, van a ir mucho más allá de la música y más allá de la danza. Aunque… todo dependerá de nosotros… como profesores de música y como profesores de danza… y también de la gestión que hagamos de todos estos materiales, como directores de estos centros artísticos. Empecemos a crear “un perro” totalmente nuevo y no sólo le cambiemos el collar. Apostemos por el futuro y no por el pasado.

Ya se está echando en falta en la mayor parte de estas escuelas de música y danza a docentes verdaderamente preparados para poder desempeñar con éxito semejante empresa educativa. El perfil del profesor de escuela va mucho, mucho más allá de lo que a simple vista nos puede parecer; es mucho más complejo y mucho más completo. Ha de conocer con detenimiento, en profundidad, el área que va a impartir en el centro. Y digo esto, porque por un lado tiene que atender al perfil de alumno que quiere continuar su desarrollo artístico posteriormente en el conservatorio y que exige un alto rendimiento técnico-musical de la figura del profesor. Y por otro lado, tiene también que atender a aquellos que tantean la música como una opción de ocio, en este caso un ocio formativo, y que requieren toda la atención del docente desde otro punto de vista totalmente diferente al anterior, pero igual de importante.

Como ven demasiados parámetros, demasiadas posibilidades, lo que hace que el docente ideal de Escuela tenga que ser un verdadero maestro todo terreno, con una formación muy amplia y profunda, con una elevada experiencia en el campo de la docencia a todos los niveles y con una consciente necesidad constante de actualización que le permita estar al día del devenir de nuestra sociedad. Como pueden ver, se necesitan a los mejores profesionales.

Los últimos personajes en aparecer, en esta mi escena, son los políticos. Señores que gobiernan y de los que dependemos a casi todos los niveles, pues no hay que olvidar que las Escuelas de Música y Danza, en muchísimos casos, se mantienen exclusivamente gracias al apoyo institucional y económico del ayuntamiento de turno. Por lo tanto, dependemos de la sensibilidad educativa y musical de la persona que rige la concejalía cultural del municipio. Puede ser triste, o no, pero es así; ésta es nuestra realidad. Por lo tanto hay que seguir apostando con todas nuestras fuerzas por estos centros de arte, hasta conseguir que sean concebidos y tratados como bienes educativos y culturales de primera línea, e imprescindibles en cualquier sociedad moderna que tenga pretensión de caminar con la mirada puesta en el futuro. ¿Pueden concebir en su imaginación una sociedad de cualquier parte del mundo sin música?, ¿sin danza?. No, ¿verdad?. Entonces, las escuelas debemos estar ahí, debemos estar acercando la música y la danza a todos. ¡Sí, a todos! La música es un bien cultural, es una alternativa social a la realidad, que los jóvenes y no tan jóvenes de este occidentalizado mundo están siendo obligados a vivir.

El mundo musical y el mundo de la danza son infinitos, tienen futuro, como la combinatoria en los números y la organización verbal en las letras. El arte en general siempre tiene futuro.

Señoras, señores… ánimo, tenemos un infinito futuro educativo por delante.

Publicado en: Doce notas: revista de información musical, ISSN 1136-6279, Nº48, 2005, págs. 16-17