Portada de los alzamientos, montaje creado por Antonio Domingo20 de diciembre de 1808: Los alzamientos. Este concierto fue un encargo del ayuntamiento de Villacañas (Toledo) con motivo de las celebraciones del bicentenario de los levantamientos de los villacañeros contra la invasión de los franceses el 20 de diciembre de 1808. Quise aportar un pequeño granito de arena cultural y musical a las celebraciones que se venían realizando en esta localidad manchega durante el último bimestre de 2008.

Intenté ser lo más fiel posible a las fuentes, y además, tal como reza en uno de los objetivos oficiales de esta conmemoración, quise “convertir la conmemoración de un acontecimiento bélico en un acto de confraternización entre España y Francia”.

La principal propuesta del espectáculo, era servir como complemento al proceso de aprendizaje que en torno ha estos hechos se venía realizando en toda la localidad, por lo tanto el entendimiento y la evaluación de los acontecimientos era fundamental para refundar los cimientos de esa nueva sociedad que debemos construir a lo largo de este siglo XXI, una sociedad que siendo muy consciente de su pasado, mire con ilusión y con una sonrisa en los labios hacia un futuro global y en paz.

La voz de la tataranieta del General Onemberg fue quien nos guió por estos derroteros. Ella era descendiente directa del general de caballería y barón del imperio que mandaba las tropas francesas en su avance por las tierras manchegas. Todos y cada uno de los personajes de esta parte de la historia de España fueron desfilando ante el público: Napoleón, el Conde de la Cimera, el Veredero, el Duque de Rivas, los contrabandistas, el cura; todos ellos, arropados por los fondos musicales, daban pie a que nuestros oídos pudieran “ver realmente” , la acción de lo que pasaba como si de un largometraje se tratara.

La utilización de las nuevas tecnologías en este montaje fue fundamental. Entender un concierto a la antigua usanza en algunos casos, es un suicidio. Las imágenes que se proyectaban, las pistas de sonido pregrabadas que se disparaban, al tiempo que se narraba la historia bien con la voz o bien con la música, hicieron absolutamente verosímil la acción. Era la primera vez, para mi, que la propuesta escénica de uno de mis conciertos tenía más de cinematográfica que de concertística. El público en el patio de butacas llegó a sentirse rodeado realmente por el fragor de la batalla, a la vez que experimentó la nostalgia del amor perdido, en la poesía del Duque de Rivas escrita para Filena.