Logo de Antonio Domingo     Hace meses que quería escribir un artículo sobre “Silboberri Txistu Elkartea”. Intentar mostrar a través de mis palabras, todo aquello que he percibido cada vez que he participado en algunos de sus numerosos proyectos. Ya les conozco desde hace algunos años y me han brindado diversas oportunidades para colaborar en sus actividades. (Vídeos de Antonio Domingo con Silboberri). Creo por ello, que tengo suficiente información como para poder realizar una descripción de su interesante labor, aunque sea ésta, una visión muy personal.
 
     Lo primero que me llama poderosamente la atención, es su capacidad de trabajo, constante, continuo, un esfuerzo basado en el día a día, en el paso a paso, y que por sus resultados, demuestra que más valen los “muchos poquitos, que los poquitos muchos”, como diríamos en La Mancha.
     Otra de sus virtudes es su capacidad de gestión. Les he visto organizar desde un concierto en el Guggenhein de Bilbao, hasta un alarde con más de 100 personas a su cargo en Durango, pasando por concursos de composiciones, conciertos de estrenos de obras encargadas por ellos mismos a prestigiosos compositores, por la edición y publicación de todas esas nuevas partituras, por la búsqueda de maestros olvidados en el pasado que dedicaron parte de su vida al txistu, e incluso pasando por un trabajo de investigación sobre la física del instrumento y su génesis sonora… ¿Qué más se puede hacer desde un ente que se dedica a la creación de cultura, de arte, de sabiduría?
 
     Os puedo asegurar que he aprendido mucho de ellos; cada nuevo evento en el que he participado codo con codo a su lado, me ha servido para algo más que para alargar mi currículum como intérprete. Han sido días de verdaderas clases magistrales de vida, de ilusión, de cariño, de trabajo, de esfuerzo constante, de capacidad organizativa, de mimar el detalle, de saber estar.
 
     Y todo ello gira alrededor de una idea básica: “mostrar al mundo las virtudes del txistu, un instrumento que en sus manos se eleva y mira directamente a los ojos, cara a cara, al resto de artilugios sonoros inventados por el hombre”. Han sido capaces de hacer crecer a un instrumento que, sin perder de vista jamás su cuna enclavada en el centro de la vida tradicional, mira hacia el futuro seguro de su recién estrenada adolescencia. Con ello además, quiero augurar que, tras estos años de investigación, de estudio, de trabajo, vendrá otra etapa en la que este instrumento, el txistu, vivirá días de esplendor en su lograda madurez, momentos en los que su espacio vital no será puesto en duda por nadie, momentos en los que se mirará hacia atrás y una gran sonrisa de satisfacción cruzará de lado a lado sus rostros.
 
     Quizás lo único que puedo aportar a este interesante proyecto desde aquí, son palabras de ánimo para que sigan trabajando, para que sigan en el lugar en el que ahora se encuentran invirtiendo en futuro, para que no pierdan ni un ápice de ilusión que a diario derrochan desde que les conozco. Ésta es mi mejor forma de mostrar pleitesía a Silboberri, a este ideario que hace del mundo un lugar un poco más culto y un poco más sabio.
 
     Si todos en cada una de nuestras respectivas parcelas humanas, laborales, lúdicas, nos dedicáramos a realizar un simple 10% de lo que Silboberri realiza en su terreno, os puedo asegurar que “otro gallo nos cantaría”, en el mundo de la música.